El mandarino que vino del frío
NOTA: Esta especie NO es apta para Bosques de Alimentos Mediterráneos, ya que requiere grandes cantidades de agua que en verano escasea en el clima mediterráneo.
A menos que puedas conseguir toda esa agua sin afectar a las reservas subterráneas, no te aconsejo cultivar cítricos.
Y ahora sí, vamos con la entrada 😉
Me encantan las mandarinas.
Cuando llega la temporada, podría comer kilos y kilos sin parar, como si fueran pipas.
Sin embargo, en mi tierra no hay cultivos de cítricos, porque o bien hace demasiado frío para que los árboles lo resistan, o bien los frutos maduran demasiado tarde, y con las primeras heladas, se quedan pochos. Así que no es fácil encontrar mandarinos por aquí.
Es cierto que un par de amigos míos tienen un limonero en maceta o en el jardín, pero muchos años no sacan ni uno precisamente por el frío (aunque el aroma de un limón recién cogido vale la pena cualquier sacrificio).
También tengo un kumquat, que quise mantener más por frikor que por otra cosa, porque la verdad es que los frutos saben a rayos fritos. Puede que este año intente hacer algún tipo de licor pacharanoide con ellos, pero la verdad es que cada vez que me da por probar uno (por si acaso le ha dado por salir dulce), se te quitan las ganas de hacer nada que no sea tirarlo al montón de compost.
Algo terrible le ocurrió a mi mandarino, que lo dejó en las últimas
En las calles de Logroño también hay naranjos como elemento decorativo en parques y jardines, pero como podría ser que la gente cogiera los frutos y disfrutase un poco de la vida, se plantaron variedades amargas como el desamor para evitar tamaño disparate (con lo cual, da igual si los frutos se hielan o no).
Pero yo seguía encabezonado en conseguir algún cítrico cuyo árbol resistiese al frío, cuyo fruto se recolectase pronto (para no verse afectado por las heladas), y cuyo sabor no hiciera llorar al niño Jesús.
Y como además soy un vago, quería un fruto simple; que fuera coger, pelar y comer. La cosa se ponía cada vez más complicada.
Hasta que un día, rebuscando por internete, me encontré de frente con la respuesta a mis plegarias: la mandarina variedad «satsuma».
Ésta es una variedad (o un grupo de variedades, más bien) sin semillas, procedente del norte de Japón, por lo que es especialmente resistente a las heladas, y su fruto es de los primeros en recolectarse.
Oficialmente, es una planta para la zona 9, según la clasificación de zonas de rusticidad de la USDA, es decir, que puede aguantar bastante bien heladas de hasta -6,6ºC.
La bibliografía dice que se recoge a finales de septiembre-principios de octubre. Se supone que se debe recolectar en verde (para su transporte y almacenaje), pero entre que aquí hace más frío que en Levante (cosa que supongo que retrasó su maduración), y que las recogí no cuando estaban verdes, sino en su punto justo de sazón (nunca había probado una mandarina directa del árbol y es algo exquisito!), al final las recogí la primera semana de noviembre.
En cualquier caso, es una mandarina exquisita, sin semillas, con cáscara fácil de quitar, cuyo fruto se recoge antes de que hiele, y cuyo árbol parece que aguanta bastante bien el frío de por aquí.
Como en el caso de los aguacates (que ya os contaré), no encontré muchos centros de jardinería que las vendan a precios accesibles, o en cantidades domésticas (¿para qué diablos quiero yo mil mandarinos?), a pesar de ser una variedad muy cultivada en todo el Levante.
Así que estaba yo bufando porque no conseguía el anaranjado objeto de mi deseo, cuando un día, cotilleando en una jardinería de Logroño, me encuentro en un rincón nada menos que un mandarino satsuma, en plena producción, con el sello del Servicio de Sanidad y Certificación Vegetal de la Consellería de Agricultura de la Generalitat Valenciana (lo que es importante, porque significa que puedes estar seguro de que está libre de virus), y encima, a un precio ridículo (tuve que preguntarle dos veces a la dependienta para asegurarme de que era lo que yo creía que era).
Este sello garantiza el plantón de calidad
Pero bueno, a veces los dioses nos sonríen, así que me fui jovial y contento a plantar esa maravilla de la evolución cítrica, y me alegra decir que superó con creces mis expectativas de crecimiento, resistencia, maduración y sobre todo, del excelente sabor de sus frutos.
Sin embargo, una sombra de peligro se ha cernido sobre mi mandarino y a punto ha estado de dar al traste con toda la operación. Si quieres saber qué le pasó, lo tienes en el vídeo que te pongo a continuación.
¡Salud y cítricos!
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No te gustan los kumquats? están muy buenos, si la pulpa amarga mucho la retiras y comes solo la corteza. A mi me encantan.
Pues mira, nunca se me había ocurrido comer sólo la cáscara de un cítrico, pero supongo que todo será probarlo.
¡Gracias por el consejo!
Así me mataron también a mí un manzano, pero lleva dos años el cadáver y no ha renacido. ¡Me pienso hacer con un mandarino satsuma de esos!
Pues ya te digo que las mandarinas esas están de muerte!
En cuanto a tu manzano, si no ha salido ya, me temo que pintan bastos.
Isabel hizo un buen post de cómo curar ese tipo de heridas en su bosque mesetario, pero actuaba muy rápido para evitar que el pie palme.
Pero mira, ahora te queda más espacio para seguir experimentando otras variedades 😉
¡Abrazos!
Hola, estoy buscando información sobre el mandarino satsuma okitsu y ya que tienes uno mé podrías ayudar.
Mé gustaría saber que dimensiones o tamaño puede llegar a tener cuando sea adulto el árbol, lo quiero plantar en la entrada de mí vivienda unifamiliar adosada. Siempre mé han gustado los cítricos y este creo que pueda sobrevivir en la zona donde vivo con un poquito de ayuda, soy de un pueblo de Albacete. He leído, que es un árbol de tamaño medio, pero nada más, no hablan de su altura y la anchura que puede llegar a tener. Aunque eso se podría solucioner podándolo, para evitar que se haga grande.
Gracias.
Como dices, el tamaño depende de las podas, y de el espacio que tenga para las raíces. Ya nos dirás qué tal te ha ido.
Abrazos