¿La Agricultura Ecológica es mejor? (III): Calidad
Bienvenidos a la tercera entrega de la pequeña serie que he escrito sobre los verdaderos beneficios de la Agricultura Ecológica.
Ya sabéis que la Agricultura Ecológica, Orgánica o Biológica, mueve millones y millones de dólares al año, pero más millones aún mueve la agricultura convencional (o química).
Esto, sumado a la posibilidad de control de masas y de la estabilidad política de regiones o países enteros, hacen que los sistemas de producción agrícola sean muchísimo menos inocentes de lo que se nos quiere hacer creer normalmente.
Por ello, un debate que debería ser mucho más simple y calmado, resulta muchas veces en un combate a cara de perro que muy pocas veces consigue acercar posturas, sino más bien todo lo contrario.
Pero más allá de la publicidad oficial de los grandes beneficios de la agroindustria, lo cierto es que cada día se van abriendo camino nuevas pruebas y nuevas investigaciones que hacen dudar muy mucho de lo cierto de esa aseveración.
Una de estas pioneras de la experimentación en alimentos ecológicos en nuestro país es la Dra. María Dolores Raigón, Catedrática en el departamento de Química en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural de la Universitat Politècnica de València.
La Dra. Raigón lleva años estudiando la composición química de los alimentos, y ha llegado a conclusiones bastante llamativas, que refleja en un libro, editado por la Junta de Andalucía, cuyo título no deja lugar a error: «Alimentos ecológicos: calidad y salud»
Algunos de los ejemplos que se pueden leer en ese libro (donde se revisan unos setenta trabajos científicos previos), muestran algo que casi todos sospechábamos, pero no nos atrevíamos a decir: que los productos ecológicos son más nutritivos que los convencionales.
Primero, os dejo algunas perlas que vienen en el libro:
«Los productos hortícolas, los frutos cítricos y las frutas rojas de origen ecológico se han presentado como los más beneficiosos para la salud, atendiendo a los elevados contenidos en vitamina C, polifenoles y contenido en antioxidantes totales.»
«Los frutos de las dos variedades procedentes de cultivo convencional, al final del estudio, tienen un porcentaje mayor de pudriciones que en las variedades ecológicas. Esto puede ser debido a la elevada proporción de agua en los frutos convencionales, respecto a los ecológicos»
«el contenido en proteína de los huevos ecológicos es superior al que contienen los huevos intensivos, aunque sin diferencias estadísticamente significativas, por lo que el aprovechamiento proteico de la gallina ecológica es mejor. Estas mismas conclusiones son aplicables a la valoración proteica de la carne de conejo.»
Y mucho más, que ahora no pondré aquí, pero que podéis encontrar en sus libros, artículos y entrevistas.
Muchos detractores de la Agricultura Ecológica afirman habitualmente que los productos ecológicos no son más nutritivos, porque no tienen ninguna sustancia que no tengan los convencionales.
¡Y por supuesto que no las tienen! Lo que sí tienen son concentraciones bastante más altas de nutrientes, aromas y otros compuestos que mejoran la calidad, la palatabilidad (el sabor, vaya), y otras propiedades organolépticas (que se pueden sentir, vaya).
¿Y porqué esto es así? Por una razón muy simple, y es que los cultivos industriales o convencionales son habitualmente fertilizados con nitrógeno inorgánico. Este chute de nitrógeno en vena para nuestras plantas, hace que crezcan más frondosamente...y que se hinchen de agua.
De hecho, parece ser que los productos provenientes de agricultura convencional, contienen entre un 5% y un 30% más de agua que los que provienen de Agricultura Ecológica.
La Dra. Raigón nos da un ejemplo de lo que significa esto:»por cada 6 kg de hortalizas producidas en agricultura convencional se consigue, aproximadamente 1 kg de agua más que los productos en frescos obtenidos ecológicamente»
Es decir, estás pagando por agua. Simple y llanamente. En un mundo donde la falta de escrúpulos se vende al peso, alguien capaz de rellenar sus frutas y verduras con agua simple, consigue más beneficio que aquel que no lo hace. Así de fácil.
Por tanto, además, si de esos seis kg tenemos que restar uno, nos quedamos con cinco kg de hortalizas, mientras que si compramos seis kg de hortalizas ecológicas, tenemos DE VERDAD seis kg de hortalizas, así que ¿cuál de estos dos productos es REALMENTE más caro?¿El que te vende agua sola, o el que te vende nutrientes de verdad?
Y todo esto, sin mencionar el hecho de que, como ya vimos en la anterior entrada sobre los productos ecológicos, éstos contienen un tremendo 97% menos de plaguicidas químicos. Porque sí que hay plaguicidas químicos autorizados en Agricultura Ecológica. Unos perjudiciales y que a mí no me gustan un pelo, como el cobre contra los hongos del suelo, y otros beneficiosos y necesarios como nutriente, como el caso del azufre en polvo.
Cierto es que la conversión a ecológico conlleva una reducción de la afección de plagas, pero incluso aunque no fuera así, una reducción de ese calibre en la cantidad de productos químicos que nos metemos en el cuerpo y en los ecosistemas sí representaría una mejora sustancial de nuestra calidad de vida, ¿no crees?
Ahora es cuando me dicen que las sustancias que se aplican en agricultura son perfectamente inocuas, cuando no beneficiosas para nosotros y nuestros hijos, pero hay que esforzarse poco para rebatir esto.
Por ejemplo, sabemos que cada año se prohíben largas listas de productos que llevábamos años usando en la agricultura, hasta que se descubrió que en realidad era un veneno espantoso para la salud y el medio ambiente (caso del DDT, por ejemplo).
¿Y cómo es que no se sabía esto antes de sacarlo al mercado (que debería ser lo habitual)? Pues porque cada día salen al mercado miles de sustancias químicas nuevas, y el conocer exactamente el efecto combinado de todas ellas entre sí, haría inviable por caro, lento y complicado, la creación (y venta) de estos nuevos compuestos.
Claro que a mí no me tranquiliza el hecho de saber que los verdaderos experimentos sobre coctelería química los están haciendo con nosotros, pero esto es lo que hay, y por eso prefiero consumir productos libres de compuestos químicos de síntesis siempre que puedo.
Y a partir de ahora, espero que tú hagas lo mismo 😉
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Luis me ha encantado tu post. Llevas toda la razón sobre que las hortalizas y frutas son agua. Una vez planté fresas alpinas que son muy pequeñas pero aguantan el frío y las nevadas en Invierno. Ya era Primavera avanzada y las fresas estaban casi a punto para recogerlas. Fuimos a hacer la compra a Mercadona porque intendencia estaba vacía y mi madre (como sabe que me encantan las fresas) me compro una tarrina de fresón. Y ese mismo día me los puso de postre para cenar (me gusta tomarlos solos). Era como si comieras algo con sabor a agua. Al día siguiente mis fresitas alpinas ya se podían recolectar. Cogí todas las que pude, las lave y fue probar un trocito y sabía a gloria. Que sabor, dulce, intenso, se te quedaba en el paladar. Una fresita de 2 cm de largo y solo regada con agua. Había que tomarlas poco a poco para regocijarse en su sabor. Nunca en mi vida había tomado unas fresas tan ricas y por dentro tan jugosas pero compactas. No hay Nitrógeno por ningún lado. Vale la pena la agricultura ecológica en sabor y en salud. Tengo razón como tú, Luis tienes mucha razón. Al final del Verano unas hormigas hicieron un hormiguero justo en el centro de la planta de fresas alpinas y se las comieron ellas. Hormigas listas. La planta acabó muriendo. Pero me comí más de un kilo de fresas alpinas. Saludos Luis.
Bonita historia 😉
Creo que si alguien mantiene que los productos orgánicos son iguales que los convencionales, o no los ha probado, o tiene un interés oculto en el tema.
Abrazos