¡Feliz día de la Tierra!
No soy muy fan de los «días de», porque en general consisten en que aparece el objeto de celebración en los medios de comunicación hasta la náusea, y luego vuelve a desaparecer durante los restantes trescientos sesenta y cuatro días del año.
Sin embargo, en este caso me parece distinto, primero porque coincide con el cumpleaños de mi señora (¿Mama Tierra? 😉 ) y segundo porque es un tema en el que insisto todos los días del año: sólo tenemos un planeta y hay que cuidarlo.
No os quiero dar la chapa aquí sobre el porqué hay que cuidar a la madre que nos parió, ni será un post agorero sobre los peligros que nos acechan, que son muchos y muy ominosos.
Sencillamente pretendía escribir una entrada alegre para celebrar este día antes de salir con ella y el nene a tomarnos unos pinchos ecoveggies.
¿Tomar pinchos? ¡Sí! Porque cuidar la Tierra no es irnos a vivir a una cueva y comer raíces, sino que sepamos que nuestros actos tienen consecuencias, e intentemos minimizarlos todo lo que podamos. E incluso, podemos revertirlos.
Ya he dicho alguna vez que la agricultura industrial es netamente emisora de CO2 y dióxido de nitrógeno, que son los dos gases principalmente culpables del calentamiento global.
Pues bien, la agricultura ecológica, la alimentación con menor uso de carne y la compra de productos locales y de temporada, no es que emitan menos CO2, ¡es que los sacan de la atmósfera!
Como lo oyes. La necesidad constante de incrementar la Materia Orgánica (formada por el mismo carbono que forma el CO2) en el suelo, hace necesario un aporte constante de la misma, produciéndose el efecto llamado «secuestro de carbono», atrapando en el suelo agrícola hasta nueve toneladas de CO2 por hectárea.
Y conste que no lo digo yo. Lo dicen, entre otros muchos, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
Hay quien ha calculado que, dado que la mitad de las tierras emergidas están ocupadas por la agricultura, esto podría llevarnos de vuelta a unos niveles de CO2 atmosférico anteriores a la revolución industrial. La agroecología salvando al mundo (o a sus habitantes, más bien). Ahí es nada.
Los sistemas de energías renovables, pero más importante aún, los de ahorro y eficiencia energética, pueden (y de hecho hacen) disminuir las emisiones de CO2, pero también las guerras por los carburantes, la dependencia exterior, el poder de las grandes multinacionales energéticas y mejorar la balanza comercial.
La economía del bien común permite que aquellas empresas con mayor conciencia ambiental y social sean premiadas, frente a los sistemas que tenemos actualmente, y podría, junto con las cooperativas y monedas locales y sociales, ser una alternativa real a la locura de hoy en día sin tener que caer en eco-fascismos que nadie desea.
Lo que pretendo decir es que hay alternativas (todas ellas bastante permies, por cierto), que ser ecologista sólo es querer un mundo mejor para todos, que no hace falta comer raíces crudas (si no quieres), que no nos dejemos desanimar por los que dicen que no se puede, y que os deseo un muy feliz día de la Tierra a todos aquellos que pensáis a contracorriente.
Abrazos
¿Dónde hay que firmar? Preciosa entrada. Feliz día de la tierra y feliz cumpleaños a la bilbaina. Las de Bilbao somos las mejores 🙂
Jijijijijijiji No te digo ná y te lo digo tó! 😉 ¡Muchas gracias!