¿Sabes de dónde vienen el fósforo y el potasio de los abonos químicos?
Porque no. No me refiero a la genial historia de mi querido H.P.Lovecraft, de quien soy un gran fan, sino a la lluvia de barro que enfangó gran parte de la Península a finales del pasado Julio.
En uno de esos (cada vez más) típicos episodios veraniegos, en los que caen cuatro gotas, nos vimos sorprendidos al salir de casa con que los coches, las aceras, las mesas y sillas de las terrazas, etc. estaban cubiertas de polvo, que había caído con la escasa lluvia de hacía un rato.
Así pueden quedar los coches después de una de estas tormentas.
Si buscáis información sobre este fenómeno, veréis que la explicación es muy simple: las tormentas de arena del desierto elevan también gran cantidad de polvo o arcilla seca (más pequeño y ligero que la arena) hasta alturas troposféricas, por donde se transporta a distancias enormes, llegando a veces a producir un efecto similar a la neblina, llamado «calima«.
Este polvo actúa aglutinando a su alrededor las gotas de agua que hay en la atmósfera, hasta que se hace lo suficientemente grande para caer, arrastrando en su caída aún más polvo y agua, que es lo que forma estas peculiares tormentas de barro.
La pesada arena sólo suele ascender unos cientos de metros, pero el polvo de arcilla, más fino y ligero, puede subir kilómetros y kilómetros.
Así que lo que vemos pringando la terraza del bar no es más que polvo del Sáhara que ha caído en Logroño.
Pero pensando en las consecuencias que tienen este tipo de fenómenos, podemos ir mucho más allá del enfado típico de los hosteleros locales, o el regocijo de los dueños de autolavados.
Porque ese polvo que viene del desierto resulta que es extremadamente rico en nutrientes, que han venido a caer mansamente sobre nuestro terreno, fertilizándolo para nosotros.
-¿Cómo dices?
-Pues sí. Resulta que el Sáhara es una región riquísima en minerales, tales como el hierro (Fe), el fósforo (P) o el potasio (K), y todos sabemos que estos dos últimos son vitales para la floración y fructificación de nuestras plantas.
Y aunque esto pueda parecer una bendición para los habitantes del Sáhara, lo cierto es que no es siempre así. Por ejemplo, el Sáhara Occidental alberga una de las mayores minas del mundo de fosforita (el mineral de donde se extraen el fósforo y los fosfatos utilizados como abono en la agricultura convencional).
El descubrimiento de las tristemente famosas minas de fosfatos de Bu Craá (o Bucraa), fue lo que impulsó la colonización española del Sáhara Occidental, y (junto con la abundancia de pescado en los caladeros saharauis), la posterior invasión del mismo por parte de Marruecos en 1975 (conocida como «la marcha verde»).
Tormenta de polvo golpeando la Península
Como ya sabréis, esta anexión, y la cobarde actitud de todos los gobiernos españoles desde entonces (recordemos que la ONU sigue considerando a España la Potencia Administradora de este Territorio No Autónomo), ha hecho que la población local Saharaui fuera despojada de sus pertenencias y su tradicional estilo de vida de los nómadas bereberes, y obligada a vivir en miserables campos de refugiados en la vecina Argelia, mientras esperan sine die un referéndum de autodeterminación que les fue prometido para 1992 y que cada día se ve más lejano.
Además estos fosfatos aportan más de mil millones de euros anuales al reino alauita, quien además es el primer exportador mundial de fosfatos.
Y dado que el primer importador mundial de fosfatos, destinados a alimentar un ciclópeo agrobussiness basado íntegramente en combustibles fósiles, productos químicos y transgénicos, es nada menos que los todopoderosos EEUU, lamento muchísimo creer que seguiremos viendo a los saharauis viviendo en chabolas al menos hasta que las minas de Bucraa se vean definitivamente agotadas, cosa que ocurrirá dentro de unos treinta años*.
Todo esto lo digo para que veáis que el hecho de elegir un tipo de agricultura u otra (ecológica vs. convencional); un sistema de explotación y ocupación de la tierra y sus habitantes u otro; puede conllevar y conlleva de hecho la destrucción de la vida de miles de personas, que quedan a menudo fuera del radio de acción de nuestros eficientes medios de desinformación.
-Luis, que se te va la pinza…
-¿Qué…? ¡Ah! Sí, sí, perdón…
Como iba diciendo, ese polvo que viene del Sáhara es especialmente rico en nutrientes como el fósforo, y muchos ecosistemas del mundo dependen casi en exclusiva de ese aporte de abono que viene volando a lomos del Simún o viento del desierto.
Tormenta de arena impactando en las islas Canarias, camino de…
¿Pero porqué nos interesa a nosotros toda esta parrafada? Pues eso lo veremos el próximo día, que como primera entrada post-vacacional, esta me está quedando un poco larga 😉
Abrazos
*O eso, o que la civilización occidental se pase en masa a la agricultura ecológica, lo que disminuiría la demanda -y con ella, el precio y el interés- y permitiría a los saharauis volver a sus tierras ancestrales.
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Hola Luis, me ha gustado mucho lo k cuentas sobre el Sahara y la relación k existe con el apoderamiento de recursos y desplazamientos de sus habitantes originarios y en la pobreza. Eso mismo está sucediendo por ejemplo en Latinoamérica, con las tierras de los indígenas k se las quitan para deforestar las selvas, para hacer represas, plantación maderera, cultivos de soja y maíz transgénico, fracking cuyas grietas contaminan acuíferos, lagos cuencas… lo peor el gobierno apoya a las multinacionales.
Saludos.
Pues sí. Muchas veces, estas cosas no se saben «porque pasan lejos», o directamente porque no interesa.
Saludos
Perdón Luis, puse una carita sonriente de agradecimiento y veo con sorpresa k aparece esta imagen !!!!
Luis bienvenido a la rutina diaria. No es tan malo. Bueno en serio. Me ha encantado tu post y toda la información que has dado sobre las minas y el Pueblo Saharaui. No sabía nada de ello. Ahora comprendo muchas cosas. Saludos de Margarita.
Hola Luis,
Veo que estás tan bién informado del Sáhara como de agricultura y ecología. Es grato saber que hay gente que no olvida a este pueblo.
Gracias.
Gracias, Àlex. Es importante que no nos olvidemos de ellos, por poco que podamos hacer.
Abrazos