El ABC de los suelos salinos
El suelo es la base de cualquier sistema, ya sea ecológico o productivo. Por eso, voy a empezar colgando unos cuantos posts explicando algunas características muy básicas de los suelos, y cómo podemos mejorar la calidad, capacidad y productividad de los mismos.
Mucha gente me ha preguntado en alguno de mis cursos sobre los problemas que ocasionan los suelos salinos, así que empezaré dando unas nociones básicas sobre los mismos.
Casi todo el mundo sabe que la sal en el suelo es nociva para las plantas. De hecho, hace miles de años ya se echaba sal sobre los cultivos de los enemigos para que nada volviera a crecer sobre ellos. Era la peor forma de castigo que podía sufrir una sociedad eminentemente agrícola.
Y aunque es cierto que un terreno salino siempre dará más guerra que uno normal, hoy en día tenemos el conocimiento suficiente para reducir los efectos negativos que puedan tener sobre tus plantas.
En muchas zonas del mundo, como en zonas áridas, erosionadas, en fondos de cuencas o en aquellos terrenos que han sido sobreabonados por la agroindustria, es frecuente encontrarse con suelos con altos contenidos de sal.
En España, esto es relativamente común, sobre todo en zonas como el valle del Ebro o el Sureste árido. Por eso voy a empezar una serie de posts intentando explicar algunas características de los suelos salinos, su origen, cómo reconocerlos, y sobre todo, algunos métodos sencillos y ecológicos para que no nos den demasiados problemas a la hora de cultivar en ellos.
En el valle del Ebro son típicos los terrenos salinos y yesíferos
Por supuesto, esto no pretende ser un tratado de la química del suelo, que los hay, y muy buenos, sino una guía muy básica que sirva como introducción a la problemática de la sal en los suelos agrícolas. Por eso vamos a ver características básicas, sin meternos en zambras como la sodicidad o la capacidad de intercambio catiónico, para las cuales, por cierto, habría que hacer análisis bastante más complejos.
Pero primero, hay que saber un poco de qué estamos hablando, así que:
¿Cómo sé que mi terreno tiene un exceso de sales?
Hay algunas formas de conseguir esto, unas más caras y precisas que otras.
1- Medirla
Simple y efectivo. La manera más precisa de conocer la salinidad de tu suelo, es medir la conductividad del mismo con un aparato especial llamado conductivímetro.
Conductivímetro
Este método se basa en que el agua pura no conduce la electricidad, pero si lleva sales disueltas, sí que lo hace. A más sales disueltas, más rápido se mueve la electricidad por el agua. Por lo tanto, cuanto mayor sea la conductividad del suelo, mayor cantidad de sales contiene.
Hay que decir que el método es caro (por el aparato) y complejo, pero se puede resumir en algunos pasos:
- Debes recoger varias muestras de suelo de tu terreno en distintos puntos y a distintas profundidades (generalmente, no más de 60cm.). Esto se hace porque puede que en la superficie no tengas problemas de sales, pero a unos centímetros de profundidad se esté acumulando el agua salada, por lo que será ahí donde debas centrar tus esfuerzos.
- Disuelve esas muestras en agua destilada, a razón veinte gramos de suelo por 50ml de agua. Esto te dará la cantidad de sales que tienes en el suelo.
- Mide la conductividad de esa agua con el conductivímetro siguiendo las instrucciones del fabricante.
- Si quieres una aproximación más veraz de lo que está ocurriendo ahí abajo, haz una segunda prueba utilizando el agua que utilizas normalmente para regar. Si hay diferencias notables, significa que tu agua de riego está afectando a la cantidad de sales disueltas en tu suelo.
La velocidad de un coche se mide en kilómetros por hora, o Km/h. Aunque sólo te sirva para esto, debes saber que la velocidad de la electricidad en el agua se mide en decisiemens por metro, o dS/m.
Generalmente, se considera que a partir de 2dS/m, ya estamos ante un suelo levemente salino. Y el laboratorio de salinidad de los EE.UU. ha establecido el límite de 4 dS/m para que la salinidad comience a ser tóxica para las plantas.
El aparatito en cuestión ronda los 700 eurazos, lo que lo deja fuera del alcance de muchos bolsillos.
Por supuesto, siempre puedes quedar con otros agricultores amigos tuyos para compartir los gastos, alquilarlo, o compraros uno de segunda mano, pero si no queremos gastarnos la pasta que cuesta el conductivímetro famoso o pagar a un laboratorio, todavía nos quedan dos pistas para saber si nuestro suelo contiene demasiadas sales:
2- Costras de sal
Aunque no es un método como tal, es una pista importante. En muchos terrenos con exceso de sal, es frecuente que ésta se presente en forma de costras blanquecinas o terrosas y sabor salado en la superficie del suelo.
Las costras blanquecinas y saladas ya sabes lo que significan
Si estás cultivando en una maceta o jardinera, esto se traduce en una línea blanquecina o amarillenta en la pared del contenedor alrededor de la línea del sustrato y sobre la superficie del mismo.
No es un argumento 100% definitivo, pero sí muy esclarecedor. Ya hemos visto que los problemas de sales no tienen porqué aparecer en la superficie, así que no te confíes por el hecho de tener un suelo limpio de cristales de sal.
3- Crecimiento vegetal
Otro indicio claro de que nuestro suelo contiene mucha sal, es que las plantas aparecen marchitas, a pesar de que en el suelo tienen humedad suficiente. Algunos síntomas son puntas de las hojas quemadas, frutos deformes, amarilleos, falta de crecimiento, falta de vigor etc.
Tomate cultivado en suelo normal (Izda) y tomate cultivado en presencia de sal (Dcha)
¿Por qué aparecen los suelos salinos?
Las sales se disuelven en el agua. Eso es así. Si tu terreno tiene mucha sal, es que no está drenando bien. Es decir, el agua cargada de sales disueltas no es capaz de salir de esa zona. El agua se evapora, pero las sales se quedan ahí.
Además, por un efecto llamado “capilaridad”, las sales “trepan” por el suelo para acercarse a la superficie, por lo que, por muy profundas que estén, antes o después vuelven a asomar la cabeza. Éste es el mismo principio que mueve la savia dentro de la planta.
Ascenso del agua por capilaridad en tubos de vidrio
Obviamente, un buen riego o una lluvia torrencial harán que esas sales se disuelvan y desciendan a capas más profundas del suelo. De este modo, al medir la salinidad al poco de regar, ésta habrá bajado considerablemente.
Sin embargo, si volvemos a medir pasado un tiempo, la salinidad ha vuelto a aumentar ¿cómo es posible esto?
Esto puede ocurrir por varias razones:
*Si el acuífero que fluye bajo el terreno también contiene sal (por la propia naturaleza del terreno o por razones humanas), al aumentar su caudal por la lluvia o el riego, ha acercado esas sales a la superficie y la capilaridad hizo el resto. Ya sabes que al evaporarse el agua, se queda la sal.
*Si hay un mal manejo del terreno y de los abonos químicos. La diferencia fundamental entre un agricultor convencional y uno ecológico, es que el primero alimenta a sus plantas, mientras que el segundo alimenta a su suelo.
Esto significa que el convencional aplica al suelo sales minerales (que es de lo que se alimentan las plantas), mientras que el segundo aplica materia orgánica, que es de lo que se alimentan los microorganismos del suelo. Y son estos microorganismos los que descompondrán esa MO hasta convertirla en las sales que alimentarán a las plantas, imitando el sistema que ocurre en la naturaleza.
¿Por qué te cuento esto? Porque un mal manejo de los abonos químicos (que son sales minerales), generalmente por exceso, pueden llevar, y de hecho llevan, a una salinización del terreno o de sus acuíferos, disminuyendo su capacidad productiva y favoreciendo la erosión y la desertificación.
*Si el agua de riego contiene sal, es evidente que va a acabar en tu suelo antes o después.
A nadie se le ocurriría regar las plantas con agua de mar, pero a veces los acuíferos de donde extraemos el agua de riego contienen altas cantidades de sales (por las razones que acabamos de ver), que pueden resultar perjudiciales para nuestras plantas.
En tal caso, deberíamos mezclar esas aguas con otras con menor carga salina, intentar buscar otra fuente de agua, y sobre todo, aplicar métodos de cosecha de agua, para que toda el agua dulce que cae del cielo, se quede en nuestro suelo.
Y después de haber visto las razones de por qué nuestro suelo puede contener sales y cómo averiguarlo, la semana que viene veremos qué efecto pueden producir esas sales en nuestras plantas.
Si conoces otras formas baratas y ecológicas (y efectivas, claro;-) para saber si un suelo tiene demasiada sal, puedes contárnoslas en los comentarios.
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Hola ! El artículo es muy interesante. Tengo algunos cultivos (tomates, morrones algunas aromáticas) y frutales(limón, níspero y arazá) en un terreno arenoso a 500 mts del océano atlántico en la costa de URUGUAY. Por ahora todo viene marcando bastante bien, haciendo pozos en la arena y poniendo en estos tierra y compost. Los cítricos y nativos tienen años creo que estan mejor preparados a este suelo. ¿ A mediano plazo tengo que esperar que mis tomates empiecen a tener sales en su suelo ? Gracias y saludos
Hola Maxi, gracias por tu comentario.
En principio, el viento marino arrastra salitre, por lo que lo normal es que ya tuvieras sal en el suelo antes de poner el cultivo.
Si no te ha dado problemas hasta ahora, has tenido suerte. Probablemente el terreno arenoso drena muy bien y arrastra esa sal, de tal manera que tus plantas no se ven afectadas.
Aún así, yo plantaría un seto vivo para retener la mayor cantidad posible de salitre del aire antes de que llegue a mis plantas y aportaría mucha materia orgánica al suelo para que estabilice la sal.
Un saludo.
[…] posts anteriores hemos estado viendo algunas características de los suelos salinos, cómo reconocerlos y cómo afectan a nuestras plantas, así que ya por fin, vamos al meollo de la cuestión: Si tengo […]